La obesidad trae consecuencias muy graves para la salud. Esta afección se asocia con la evolución de complicaciones que ponen en peligro la vida, tales como diabetes, enfermedades cardiacas, hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares (apoplejía) y cáncer. También es causa de colesterol y triglicéridos elevados (dislipidemia), reflujo gastroesofágico, apnea del sueño, osteoartritis, cálculos en la vesícula biliar, venas varicosas o flebitis, enfermedades mentales (demencia), enfermedades de la piel, irregularidades del ciclo menstrual, hirsutismo e infertilidad, entre otros.
Las personas que sufren de obesidad mórbida tienen un mayor riesgo de padecer algunos tipos de cáncer, incluyendo cáncer endometrial, uterino, cervical, ovárico, vesícula biliar y de pulmón en el caso de las mujeres; cáncer colorectal y prostático en el caso de los hombres.
La obesidad mórbida trae consigo un mayor riesgo de una expectativa de vida más corta. En el caso de las personas cuyo peso excede el doble de su peso corporal ideal (lo que constituye el 4.7% de la población estadounidense), el riesgo de una muerte prematura se duplica en comparación con los individuos no obesos. El riesgo de muerte por diabetes o ataque cardiaco es de cinco a siete veces mayor. Sin embargo, la muerte temprana no es la única consecuencia potencial. Los efectos sociales, psicológicos y económicos de la obesidad mórbida, aunque injustos, son reales y pueden ser especialmente devastadores.
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